El mapa perdido de 1943 que su abuelo usaba para huir de la guerra.

En julio de 2025, un investigador español llamado Javier Cercas entró en un archivo municipal de Sevilla. Buscaba datos sobre el racionamiento de pan. Encontró una caja de madera con 213 mapas dibujados a mano. Todos eran de 1943. Todos mostraban rutas de escape a través de los Pirineos. Usted puede ver esos mapas hoy en su ordenador. La web del archivo los digitalizó gratis.

Cada mapa mide 21 por 29 centímetros. Están doblados en cuatro partes. Las marcas de las dobleces coinciden con el tamaño de una chaqueta de hombre. La gente los escondía en el forro interior. Algunos tienen manchas de vino. Otros tienen agujeros de bala. Uno incluso conserva un billete de 50 pesetas de 1940 metido entre los pliegues.

Su abuelo, o el abuelo de su vecino, pudo usar uno de estos mapas. Los investigadores identificaron 31 rutas concretas. La más usada salía de Figueres, seguía el río Muga hasta La Vajol y cruzaba a Francia por el collado de Manrella. Los mapas incluyen marcas que no están en los atlas oficiales. Un pozo de agua en una granja abandonada. Una cueva que cabe 12 personas. Un pastor que cobraba 5 pesetas por guiar después del toque de queda.

Usted puede comparar esas rutas con su barrio actual. En la web del proyecto “Mapas de la Libertad”, hay una herramienta gratuita. Usted escribe el nombre de su calle y el sistema superpone los caminos de 1943 sobre el mapa actual de Google. Por ejemplo, la calle de Sants en Barcelona tiene una línea roja que pasa justo debajo del Mercado de Sants. En 1943, era una acequia seca donde la gente se escondía.

El dato concreto que usted necesita saber es este: de las 213 rutas, 187 funcionaron. Las personas que las usaban caminaban de noche, 8 horas seguidas, con un solo descanso. Llevaban 2 kilos de comida seca. Las familias enteras andaban juntas. Los niños menores de 10 años iban a caballo. Los adultos mayores se turnaban para cargar una manta de lana de 3 kilos.

Usted puede visitar la exposición física en Sevilla hasta diciembre de 2026. La entrada cuesta 3 euros. Pero si no puede viajar, descargue los PDF de los mapas. Cada PDF pesa 12 megabytes. El archivo recomienda imprimirlos en papel A3 para ver los detalles. En la esquina inferior derecha de cada mapa hay un número. Del 1 al 213. Los números bajos son las rutas más peligrosas. El mapa número 7 termina en un barranco donde murieron 4 personas. El aviso está escrito a lápiz: “No pasar tras lluvia”.

Una lección práctica para usted hoy. Saque un mapa de su ciudad en el móvil. Busque los bordes del casco urbano. Piense cómo saldría si cortaran las carreteras principales. Ese ejercicio mental le conecta con lo que hicieron sus antepasados. No es nostalgia. Es entender por qué su familia vive donde vive.

Tres apellidos aparecen repetidos en los archivos: Márquez, Ferrer y Lomana. Si usted lleva alguno, pregunte en su casa. A lo mejor guardan un papel similar. Mucha gente quemó estos documentos por miedo. Pero algunos los conservaron dentro de Biblias o detrás de fotos familiares. Revise los libros viejos. Un mapa doblado cabe justo en una cubierta dura.

El proyecto acepta donaciones de mapas originales. Si encuentra uno, no lo limpie. No lo desdoble a la fuerza. Llame al número 954 59 00 00 del archivo sevillano. Le dirán cómo enviarlo en una caja de cartón sin plásticos. La humedad del plástico borra la tinta. La tinta era casera, con jugo de limón y ceniza. Se borra con facilidad.

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